Bienvenidos a una nota sobre Haifa, Israel, donde decenas de residentes han instalado un refugio subterráneo en un parking comercial durante la guerra con Irán y Hezbolá.
El aparcamiento del centro comercial de Haifa se convirtió en hogar temporal para familias que buscan protección. Abajo, entre tiendas y pasillos, se instaló un minibarrio con tiendas de campaña, niños y perros, bajo la iluminación de neones 24 horas.
Sofía Salvador, 27 años, y María Tulitzeba, ambas argentinas que viven en Israel, forman parte del grupo que pasó a vivir en la planta -5. Salen de sus viviendas durante la alerta y duermen en tiendas, sin cocina disponible, recibiendo ayuda municipal como nevera y cargadores.
El traslado al subsuelo ocurrió tras el inicio de la campaña bélica en Irán, acompañada por ataques desde Líbano. El estacionamiento empezó a llenarse el 28 de febrero y simultáneamente se intensificaron las amenazas a Haifa.
En la planta -5, el ambiente es de camping nocturno. Hay decenas de tiendas, juegos para niños y comidas simples. Varias familias pernoctan allí, mientras otros vecinos se acercan para resguardarse durante las alertas y luego vuelven a la superficie cuando cesan.
La situación expone a la población local a condiciones precarias. Muchos residentes de Haifa viven en construcciones antiguas con refugios privados ausentes y dependen de refugios públicos más cercanos, con tiempos de respuesta variables frente a proyectiles.
Sofía y María destacan la sensación de seguridad que encuentran en el subsuelo, frente a la amenaza aérea. Sin embargo, la convivencia en un espacio tan improvisado implica incomodidades —ruido constante, falta de cocina y mobiliario básico— y la necesidad de adaptarse a una vida cotidiana atípica.
Entre quienes residen allí también hay trabajadores extranjeros. Ellen Yani, de Filipinas, relata que la defensa intercepta la mayoría de ataques, pero algunos llegan. Su compañera Mary Ann De Vera fue una de las víctimas en Tel Aviv la semana pasada.
Si la guerra se prolonga, estas familias ya cuentan con una planificación mínima: dormir en el estacionamiento, ducharse en sus apartamentos cuando es posible y regresar al subsuelo antes del anochecer. Buscan así evitar pérdidas mayores y mantener a sus hijos en un entorno relativamente más seguro.
El ayuntamiento ha instalado apoyos básicos: una nevera pequeña, un dispensador de agua y un cargador colectivo para móviles. Aun así, la incertidumbre persiste y las prioridades cambian con cada alerta.
La batalla en la región ya se extiende más allá de Oriente Medio, con declaraciones de autoridades y el temor de prologar el conflicto. En Haifa, la solución adoptada es temporal y refleja la precariedad de la protección ante cohetes y drones.
Fuentes consultadas señalan que el grupo de Haifa representa una nueva realidad de convivencia entre protección y vida cotidiana durante un conflicto prolongado. Los testimonios muestran cómo familias adaptan su rutina para continuar, pese a la adversidad.
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